Santiago cumplió su sueño en Ancap San Carlos

Un chico con síndrome de Down en solo un mes, se transformó en el “capataz” de la estación de servicio carolina

Santiago Machado, tiene 18 y desde chico tenía una idea fija, trabajar en una estación de servicio, algo que para cualquier joven podría ser una meta sencilla de alcanzar, pero en éste caso el obstáculo se generaba por la condición de Santiago y es que tiene síndrome de Down.

Con el bachillerato terminado en el liceo 4 de Maldonado, no fueron pocas las veces que Nancy bromeó con los pisteros de la estación de Alvariza y 18 de Julio cada vez que paraba a cargar combustible y a su hijo Santiago se iluminaban los ojos siempre con la misma ilusión. “Un día te voy a dejar este clavo acá”, les decía Nancy a los pisteros, con la complicidad de su propio hijo, pensando que la frase pasaría al olvido un momento después de cargar el combustible y salir de la pista. Hasta que uno de esos trabajadores respondió con una frase que abrió las puertas como para concretar el sueño. “¿Y por qué no? Vaya y hable arriba, ofrézcanse y quien le dice que lo tomen”.

Era ese el momento esperado, la gestión fue rápida y sin titubear, como ha sido la vida de Nancy tras los pasos de un Santiago, que estudia música, que hace teatro y que no sabe de retos sin afrontar. “Después que ese muchacho nos dio el impulso, fuimos, hablamos con Juan Pablo (Varela) y nos mostró una tremenda disposición. Habló con el hermano (Guillermo) y a los pocos días Santiago estaba trabajando en el lavadero de la estación”, cuenta Nancy Olivera, una mamá feliz de cumplir objetivos. “Yo lo único que quiero es agradecer a Guillermo, a Juan Pablo, a Mónica Aispuru (encargada de la estación) y a sus compañeros, le han dado trabajo a mi hijo y eso es muy importante para nosotros”.

Se trató de una prueba de un mes, con tareas en el lavadero donde Santiago compartió horario con Douglas y Ramón, quienes junto a los demás funcionarios vieron que los dotes de Santiago venían en serio y no dudaron en llamarlo, el “capataz”. “El estudia, pero es fundamental que tuviera su primera experiencia de trabajo, algo que no es fácil. Venía contento, le decían el capataz, tomaba refresco, también mate, fue una experiencia muy linda, porque además el ambiente de trabajo es muy bueno ahí y a él le hace muy bien compartir con hombres porque vive solo conmigo”, cuenta Nancy, quien después de cada frase no para de tirar nombres de quienes rodearon a Santiago en su experiencia sumando uno tras otro los agradecimientos del caso. Como también nombró a su profesor de teatro, Horacio “Tato” Suárez, quien también lo ayudó a cumplir el sueño murguero en la ciudad carolina luego de un año de mucho trabajo. “El primer día me causó mucha gracia, pues vino con 25 pesos, me dijo cierra los ojos porque tengo una sorpresa. Es mi sueldo, me dijo”, cuenta Nancy recordando el momento cuando llegó con la primera propina por lavar un auto rojo de una señora de la zona. Pero la sorpresa quedó en eso, porque Santiago, que tiene las cosas claras, agarró su plata, la guardó en su caja y después la sumó al primer sueldo de ese mes de trabajo. Una caja en la que por cierto, su madre reconoce que entra mucho y sale poco, “porque no gasta un peso, parece que tuviera cocodrilos”. “Hay que pelearla mucho para que puedan salir adelante, pero todo se puede, no hay que ponerles techo, lo fundamental es que estén integrados”, explica Nancy antes de cerrar el diálogo con un nuevo agradecimiento a los propietarios de la estación y que además tienen la misma línea de dirección para las cuatro estaciones de su propiedad, Camino de los Gauchos, Ruta 39, Conchillas y San Carlos.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *